CAJA DE CIELOS

DOS OJOS DE VIDRIO

Ahora que aun soy joven voy a esgrimir las páginas de mi libro negro. Voy a sollozar mi espacio como cantando. Voy a introducirme en el mercado del niño que fui. Porque hay seres sin historia y hay quienes la tenemos como un largo corredor que a su vez forma con paredes un esqueleto en el cual podemos hundirnos de vez en cuando sin telegramas de palabras ya conocidas. Un recurso final, un buceo museo de miserias corporales, de navegante extraviado en las formas de la prostitución, de la magia y la verdad. Se dice que lo mismo que acontece a las naciones acontece a los seres individualmente. Basta asistir de igual modo al músculo que es el espíritu para entender la revolución que no se detiene. Soy un cuaderno de navegación en celo, decido decir mi verdad como víctima de una despiadada injusticia que me apoltrona en mis ojos tristes grises en lo histórico. Soy un soñador, un impulsivo, como lo es la fatalidad histórica de la que ningún país moderno puede liberarse. Mi optimismo no es de biblioteca nacional. Es del que piensa empuñar la pluma con la complacencia que se comprueba en procurar cierto estilo, y dos argumentos: el primero, vencer la natural preocupación que me generan lo pasajero y la inmovilidad; lo segundo, no llevar conmigo al sepulcro el secreto del descubrimiento: la filosofía, la poesía, el genero humano, duerme en un hotel.
...Necesito salir del bar con tanto apuro, y me olvido de pagar el whisky...
me enfrento a mi mismo
despiadado
los toillettes se me vienen uno atrás del otro
bajo a mi conciencia
contento...
hacia la noche, que es la que me alberga.

Aprovecho la turbación para hablarme libremente, hacerme visitas en mi recuerdo: “porque jamás he muerto, porque jamás he existido”. Es esa la venganza que no me deja ni de día ni de noche. La realidad es un supremo magisterio, un clero, un pueblo que presencio hoy en el desencadenamiento del individuo que me ha llevado a la locura. Volví lentamente sobre mis pasos y hallé la placidez en este espejo en el cual me enfrento todas las noches. Soy el masoquismo erguido; soy el peregrino de lo absoluto, modisto de la aparición: hallo una explicación satisfactoria para cada una de las cosas que me bajan, alegres, solícitas.- Entre esa baba cósmica que me escupen los dioses hay que interpretar.- Alegres, mis pesares son el único mundo. Los ojos grises, saltones, del civilizado que desprecia al primitivo.
... Me levanto para huir, contrahecho, endemoniado, de mujeres que ruedan por la tierra pidiéndome a gritos que les militarice sus zonas, que me hunda en su fragilidad. Porque contengo trozos y les pongo títulos y telegrafío enseguida a la que me ofrece una experiencia de antología. Siempre soy sorprendente y siempre ellas son reveladoras...
Seré amurallado en casos desgraciados. Soy un verdadero santo, hablo con mi cristo que es mi vicario, hasta en el mismo dolor del remordimiento por el infame pasado de fingimiento que he llevado. No poseo consuelo divino; tengo colgaduras negras a modo de bastidores. Soy un ciego que canta melopeas tristes que nadie escucha. Poseo el furor colectivo, pero cuando haya dejado atrás la ciudad que entreví en mi derecha podré presentarme con mi izquierda envuelta en tules en el fragor que me aloja en la dirección del campo.


Observo el silencio.
El edén omnipresente y eterno es anciano.
Extiende su diestra y nos dice:
El mundo ha quedado tal cual fue en su creación desde el primer día, solo los hombres y la alteración de su mirada ven en el paraíso ya un doloroso purgatorio, un horrendo infierno.
... Los oídos se me infectan en explosiones de aplausos y de aullidos ininterrumpidos al orador que soy en camisa de noche...
Esas briznas de libertad que obtuve cuando todavía estaba sometido a códigos que prohibían y castigaban el plagio, el robo, la falacia. Poseo ahora una libertad preliminar, una libertad homeopática. La vida en el mundo hace pagar a precio durísimo los pocos momentos de placer imaginario que tengo, a pesar de la constancia de mi vocación monástica. Observo las naciones y el arte a través de una ventana. Veo venus feas, veo una Mozambique preciosa. Aquello era un espectáculo desconcertante, lo que veo hoy ya no lo es. Las publicaciones semanales ilustradas que me llegan y pasan por debajo de mi puerta me mienten fotografías tiernas.
Estoy solo, vivo solo, encerrado. Me encierro porque tengo una descripción prometida que nunca he cumplido. Cualquiera que entrara a mi cuarto, ahora, que han transcurrido días que son años, se daría cuenta que empuño un trozo de mina de lápiz y que comienzo la charla interminable y secreta, que bajo sigilosamente la voz, que me alzo un poco, y que nadie sospecha nada. Reduciré la forma vulgar del diálogo gráfico-fonético que he sostenido hasta la fecha y me dedicare a rotograbar estos resultados que tienen importancia.
Las particularidades que observo, así como logran contentarme en los modelos de animales más comunes, también me hacen ver la intervención conciente de la biología.
Y de solo saber que allí afuera esta la biología, el músculo del espíritu se me contrae, porque se que ciertos individuos han demostrado ser capaces de lograr efectos sorprendentes sobre mí. No puedo salir. No soy paranoico. Consumo electricidad y tengo muchos siglos a cuestas. En el próximo milenio tal vez saldré: he comprendido; con especial intensidad como el olor de las flores; que si deseo añadirme a la vegetación preciso inducirme a pactar con la biología.
Vivo cuanto puedo desde aquí dentro., pero no opero sobre mis compañeros mortales que están afuera. Podrán comprender que soy pintor, pero de los que se han liberado, espero que para siempre, de la humillante fidelidad a lo verdadero. Yo lo veo todo a través de una especie de velo: los obscenos órganos genitales carnosos y viscosos de los jefes de las revueltas incitando a los pusilánimes, sexos que muestran alzados en sus poltronas, taciturnos, que me hacen pensar en un sufrimiento más noble en el encierro, en que no tengo aliados voluntarios y entusiastas de la puerta para afuera. La lucha es peligrosa y es sangrienta, y empeñar a un pueblo en esa lucha no es conveniente.

Espero haber subido hasta este observatorio para poder no ser un astrónomo desilusionado.


Bebo, bajo un cielo densamente poblado de estrellas; completamente beodo, hediendo alcoholes, instalo la charla con mi asistente, con mi subalterno, ocupando los dos roles, e improviso diciendo con vos cambiada: “mister, siento la necesidad de confesarle algo que hasta ahora no he confiado siquiera a mis maestros. Pienso que usted me comprenderá mejor que ellos...” y batateo escenas enteras de antología. Estoy solo, muy solo. Hace algunos años estar entre la gente me agasajaba el genio. Hoy, en esta torre encerrado, observo el museo de despojos que es el afuera. Y me siento un turco venerable! Mas viejo y tortuoso que las calles de una sede imperial. Por eso he querido reunir aquí aquellos complementos de la vida de los hombres que puedo observar desde mi ventana. Como trofeos. Como míseros trofeos de difuntas coqueterías. Soy un poco coqueto: o sea, vivo solo pero me cepillo los zapatos, miro cuadros de rubias despampanantes, me rechina la mandíbula y me pongo pelucas. Muestro una mirada inmóvil y siniestra como dos ojos de vidrio de todas las formas y colores. En los viejos espejuelos con aro de hierro y cuerno que pueblan esta estancia me observo y siento otro. Uso aretes, manos artificiales, brazos mecánicos, cintos para herniados... todo un batallón de recursos para no reconocerme. En una vitrina grande, tengo alineadas muletas de todos los tamaños, a veces me hago el cojo, otras me falta un brazo, siempre estoy carcomido y escoriado. Me contento con extender mi carnosa mano hacia los objetos que me parecen los más notables de todos los que tengo, y en esos momentos en los que me salgo de mí, entro en una meditación extraña y aquellos despojos me parecen más curiosos que repugnantes. Estoy vestido al estilo antiguo, fumo con boquillas de nácar, tengo el buen gusto de las lentes de variadas formas; soy una fuente cantarina donde pongo una nota o un hermoso patio. Entonces me acompaño para beber unas copas, opulento y obsequioso, paso a otras salas celestes o marrones según el estado de mi ánimo. En esas salas donde me doy el desquite del salvaje, donde bebo hasta caer rendido sudando alcohol, me convierto en un animal en celo. Soy un civilizado mezcla con salvaje. Me place así. Hoy día los países progresistas no me complacen, me arrojan residuos a la cara; hoy día lo mejor es estar reducido a este encierro que me autoimpongo. No soy pedante ni diplomático, sonrío frecuentemente. Incluso cuando hablo de cosas serias. Constantemente estoy sonriendo solo en mi despacho predilecto. Algunos de los libros me urge saber que contienen, otros no. Los conservo por una cuestión profesoral, de status. Me engaño con apariencias. Si. Soy franco y cordial cuando trato conmigo, pero me vengare de los de afuera creando aquí mi pequeño edén. No tengo ideologías políticas. Odio las democracias republicanas, odio los militarismos y las monarquías... odio la realidad de la verdad: solo me gusta este encierro porque tiene la frescura de un almendro en flor. El pueblo chino es el único que despierta mi fraternal curiosidad. Me embrollo, me vuelvo verdugo cuando abro esos libros llenos de tenaces formas incomprensibles. Me hablan desde la poesía, me muestran la falacia del extranjero: nunca se esta desarraigado de si mismo.


Tengo una manía homicida que se satisface periódicamente sin daño. No hay personas a las que pueda alcanzar mi mano. Los instintos demasiado reprimidos acaban por vengarse: doctrina del Tao. Así he hallado el secreto para encausar, en parte, esa necesidad de matar, mi furia homicida, tan común en mi naturaleza. Porque no se trata de matar simplemente, es matar arbitrariamente. Es por eso que he creado millones de muñecos que conviven conmigo, y que apuñalo diariamente por placer. Corro una cortina y zak! apuñalo sin mirar. Entonces puedo recostarme, el rostro y las manos ensangrentadas, calmo, laxo; beber mis licores, feliz. Verdugo que no puedo comparar con otro alguno, me he creado el derecho de matar legalmente... Soy un privilegiado! Mato fantoches y les pongo el nombre que mi imaginación ilumina. Correspondería para mí la pena de muerte? No. Es mi Ópera, fiesta musical del desgano, alocada curiosidad que confirma la utilidad de la proposición.
Reconozco que hasta ahora he dicho muy poco, pero como contar lo que todos ignoran porque no lo comparten conmigo? Estoy provisto de dinero y conocimientos... Soy la cátedra con mejor preparación, soy la idea maravillosa, la catedral que se recorta en el silencio contra un cielo quieto. Me he elegido precisamente a mí para convivir: seres temblorosos me pasan manjares por una puertita, un hueco en los ladrillos del muro. Nunca los veo, los sé temblorosos por el repique de sus tacos contra la piedra. Las cátedras de afuera, que ostentan ciertos honores... ninguna me habla con franqueza. He visto audiencias: en esas audiencias hasta las ciencias más adelantadas están saturadas de misterios y preguntas sin respuesta. Solo, naturalmente solo, estoy llamado a crear bellas formas, a merced de una suerte de respiración artificial. Me atrevería a decir que esto es normal si no fuera porque afuera existe un mundo, y ese mundo me invalida para convertirme en algo extraño. A semejanza del filósofo me di a construir estéticas individualistas... Es que estoy solo. Las cosas del espíritu se rescatan y entierran en este mi clima, y germinan luego saliendo a la superficie años después. De repente me encuentro con una idea que tuve y he enterrado en mí y germinó. Me digo: que maravilloso! y escribo un libro. Estoy totalmente deshumanizado, no tengo valores universales, no tengo la actitud de una máquina. Dada mi naturaleza no tengo por que referirme al pecado social. Estoy harto del vicio de estar solo pero voy cada vez más lejos. Es como un trabajo manual. Voy vagando por las leyes históricas de los descensos cíclicos que practico aquí encerrado. Mi Dios no es el oro porque un Dios no puede ni debe ser visible. Tengo el destino de manifestar y sostener un montón de doctrinas, el de ser un apólogo de mi autopsia. Descubro en el hombre dos tiempos. Uno que sucede, el primero, el tiempo de la transpiración olorosa del que lo puede perder todo. El segundo tiempo es gótico, es arrellanado, no tiene desequilibrios, no tiene estaciones, como el arte. Es un círculo vital, una fuerza centrífuga-centrípeta. Un ritmo poético del tiempo. No revelaré la catadura artificial de este tiempo: no es fácil de transmitir con palabras. Es una sensación húmeda que late dentro de las piedras de los muros en esta, mi celda. Tendido en mi mecedora longitudinal las ideas florecen; y a veces cuando meto una mano en el bolsillo encuentro algún trasto olvidado, un antiguo trozo de papel, y leo: ...Despertar segundo al estado nocturno y a la desolación interna del personaje... Antes del despojo tengo la vía penitencial, la mano rota, la noche de abajo, el caballo cansado... Recostado horizontal pierdo la línea vertical, geométrica y metafísica: no me conecto con Dios.
“Desde mi juventud y habiendo sido yo un adolescente melancólico, admiré la alegría que se traduce por un humorismo sin venenos del alma”
Si yo, moralista o perverso, hubiera querido fustigar a mis alegres conciudadanos, hubiese salido a hacer barullo a las calles. Como no quiero molestar a nadie me interno en el laberinto. Tengo recursos humorísticos, por supuesto, hay que pasar el rato... Todo lo que se crea es como un mini-país; y uno encerrado en un cuarto es un mini-país, con sus humorismos-chistes de artificio, sus dolores, sus ciudadanos que apuñalo por las noches. Vivo en la torre de marfil asediada.
Afirmo:
Soy más legendario que histórico.
Soy más irreverente que físico.
Soy más fuego que arte de mago.
Soy más sacerdote que misterio.

Entiendo que la empresa del hombre es amorosa. Por eso como poeta hay un fantoche al cual no apuñalo: le regalo mi puñal ensangrentado en la jornada para redimirme, para sentirme demiurgo que fantasea con el libro negro que es el sexo de mi amada, ese fantoche que me espera con una rosa entre los dientes para clavarme espinas en los talones y escupirme palabras agresivas de cariño. Me voy limpiando en el día en baños de sangre encadenada del animal que bebe vino hasta saciarse al grito de Viva mi Patria!

Los ojos delineados
Mamarracheados los labios
Escribo en las paredes
palabras curvas, decoradas.
Mi cuerpo en llamas.
Mi experiencia dionisíaca.
Mi costado lastimado.
Mi pradera en sombras.
Mi perfil proyectado.
Mi perro que partió.
Mis partes ortopédicas.
Mis ojos de vidrio
cuando me los saco por las noches.

FEBO ASOMA

SOÑANDO ENTRE LAS CHARCAS Y EL ESCOMBRO

Cuando los jardines del cielo echaran raíces...


Ni una ciudad en pie. ruinas. escombros. almas vagando, desatadas, ilusorias, irrumpen entre el cascabeleo de los escombros muertos. Yo sonrío. sonrío porque odio a mis semejantes, odio al ser humano. me gustan los animales y las plantas... y no mucho mas. los animales y las plantas. Un niño viene a verme... lo echo a cascotazos. siempre el mismo juego: a donde estoy, un niño viene a verme. lo veo antes que aparezca, reflejado en un charco. en donde estoy hay charcos y piedras. la languidez de octubre, charcos y piedras. el polvo que desprenden las ciudades al caerse en el plano astral produce la ceguera espiritual de aquellos que vagan sueltos por las calles. irremediablemente portan un vestido como un adorno, pero se están cubriendo los cuerpos huecos. parásitos de aspectos murmullantes subyugados al alma fresca y limpia que supieron tener de niños. para que esas manos que nunca se amortajaron se amortajen; es porque nunca han llorado los ojos que portan esas manos. si los ojos llorasen las manos mortaja serian -se amortajarían-, es automático como seguir tu rastro. Dos palabras: dulce tortura. soy como un ánfora de perfumes vacío. así, así hice mi libro, así: gimiendo, llorando, soñando. soñando entre las charcas y el escombro. voy podando jardines en mi imaginación. voy de a poco logrando el estado desértico del semblante y pienso traducirlo a los ojos. unos ojos que no esplendan mas que el fuego del sol cuando rebota sobre la tierra ajada y seca. y que ahí, en esos mis ojos, se vea lo que pasa por dentro como en una película muda. en imágenes en imágenes en imágenes en imágenes reflejadas en mis ojos que son como esos charcos y los cascotes y todo ese tumulto entre mi pelo canoso vencido por el viento y mi apariencia de hombre de varios años vividos... todo mentira. soy joven como el llanto de un gato. soy espontáneo como algunas cornisas... y en mis pies golpea la letanía de una tierra muerta. llegara un día en que la raza humana se habrá secado como una planta vana regada en alcoholes, en efluvios, una raza parasitaria en su mayoría. y el cielo, carbón inútil, descargara sobre ese vacío con perlas de plata los líquidos que viene sosteniendo hace tiempo, líquidos quemantes que van a abrasar a la tierra y convertirán a esta en un lecho poroso en el cual puedan florecer nuevas especies. Tu, que nunca serás; y yo, que ya voy dejando de ser... vemos acaso en el espacio alguna tormenta... o un posarse de nubes con pájaros de nieve en los fondos de los horizontes... o acaso contra las colinas vemos subir los miasmas de los humos vengadores de pastizales ardiendo... penoso el mundo que perece por el fuego. penoso el canto de la salvación eterna. penosos charcos que bordean mis pies. penosos reflejos en esos charcos cuando un viento que pasa mueve su planicie de espejo. y aquel niño que viene a verme soy yo en el recuerdo: los ojos claros, los pelos rubios puros; antaño, una mirada de amor; por eso y porque soy un hombre desgajado que pierde la piel entre los escombros de los cascotes, entre los charcos, es que predigo un futuro nefasto para una humanidad que se conduce de esta manera. y toda palabra en ruego fue poca porque el dolor cierra los oídos. y el alma queda como una dura roca roca dura piedra. espasmo. y sombra de esa piedra sobre un suelo seco... de niño sabia amar y era prudente... bien se que hoy no hay soles que me iluminen las garras sangrientas, ya no bato palmas, ya no me visto de fiesta, me queda ajada esta ultima vestidura y el rencor de saberme inútil frente a la crecida de la soledad y el martirio. caen las hojas, viene el otoño y la muerte, como el sonido de oro fiero amor pequeño como un pájaro que pasa como un proyectil inundándome de sombra y en su batir de alas mueve la superficie del charco y sobre ese charco tiro el cascote a ver si cazo el pájaro y golpeo la sombra y el pájaro cae. y la muerte se expresa así, como un grupo de acciones que se concatenan y dan su resultado. siempre el mismo: un cuerpo que cae, un vacío. la falta de algo. y ahí comprendo la intensión del proyectil... el proyectil no es dueño de si mismo, tampoco el hombre que aprieta y lanza la piedra. no hay dueños. hay estepas con un sol a pleno rajando la tierra y un niño de blancura proscrito como el suelo infértil y la voz detenida por el miedo... y bajo el peso de los años la mirada turbia; algo muerto como de fuego que asomara; y tengo mi cabellera blanca los ojos limpios y en mi boca habrá una sonrisa que se apaga como un fósforo en la humedad de la noche. no seguiré mi camino lentamente. mirare con los ojos agudos pasar el tiempo como un capricho. cargadas las noches de luna, palabras para un habitante de martes, días en los cuales me da la tranquilidad de saberme fiero y aguerrido como un dios. y los encantados ojos en el recuerdo pongo, para ver la figura del hombre. para ver la figura de otras edades de extraña grandeza: pensar en este un mundo de siete pozos. la naturaleza y el cráter en la boca. un cuerpo, un mundo y la montaña alzada. enhiesto el mástil para atacar entre las frescuras del canto y la esperanza. tímidas, en retirada las primeras estrellas, parten en distintas direcciones para dejar el cielo vacío,
los ojos yertos,
muertos como un viento que sopla en el desierto.

DE INSOMNIO

Mi mano
Mi mano que se agranda adherida al insomnio.
Mi cuerpo diminuto se asoma
a las sombras que aprietan cuervos.
Un camino.
Una casa.
Las manos.
Cansadas.
Y el fervor
de usar un solo brazo
y no se cuantas palabras prestadas.
Cansadas.

AMOR MALO

Un niño de piedra.
Que alucina
Una sala donde fofo el fondo, ebrio,
Descubre a un hombre que gime.
Suspiros en la noche torpe,
sin camastro,
sin historia.
Tornar al amante en llaga
en isla, en estepa.
Absorto, sin raíces,
Pálido. Como el polvo.
En el tiempo.
En el amor malo.

JUGLAR DE CANTINA

UNA PALABRA COMO UN ADAN RECOSTADO


















Esta el hombre solo.
Un hombre solo en medio de la creación.
No toca cuerpo humano.
No toca un cielo.
Penetra en una galería de ecos.
Pasa sus días tirado entre las flores
en el poder mágico de las palabras.

Un hombre solo
sin poder ser dios
con su poco ser escaso e insuficiente
su gracia
que no sustituye a la libertad pero la restablece.

Llega al borde de la palabra.
Va mas allá de la historia.
Se contempla.
Solo.
En los desiertos de su conciencia varada
no se refleja el golpe monótono del lenguaje.

También él se despeña.
También él va a la deriva.
También él hacia la muerte.
También él así sea un instante
merece la alegría del amor.

El hombre solo en el silencio,
pensó en el nacimiento.
En la primera palabra:
Una palabra como un Adán
recostada en el jardín de las hespérides...

Sonrió.

Una palabra que sola y aburrida
caminó y caminó por ahí.
Se durmió y perdió una letra.
Despertó rara
con ganas de coger.
Vio la letra...
dormida...
Aprovechó.
Tuvieron sexo irresponsable
Muchas veces.

Pasaron nueve meses.
Eran una familia.
Papa palabra con sus anteojos ahumados,
Mama palabra con su boca roja de rouge,
y palabritas
y palabrotas.

Todo un abecedario.


Una letra, una palabra, una cópula. De ese sexo entrañable nace la intriga y la posibilidad de nombrar. Antes era el gesto, ahora el rostro ya viciado... vacío como un espejo de nácar. Anclado. Rígido... Pura carne muerta.
alguna vivacidad en los ojos cuando emiten una lágrima,
en la boca que se deforma con una sonrisa...
Restituir el estado donde las palabras copulaban entre sí.
Donde ánimo podía unirse con querer...
Donde copulaban...

fábrica con angostamiento
tratar con trébol
nube con nicho
música y parto.
sangre con idea
ratonera con espejo
bala con cariño
pasión y pasto.
flor con hueso
impenetrable con huevo
forma y piedra.
piedra con suerte
pez con pescado y muerte.
nacer con deuda
oro con fresas
conciencia con reflejo
límite con estiércol
llanto con pino
ciprés con permanencia.

Cuando la palabra vagaba suelta en el vértigo que brota en este abrirse del mundo en dos...

ESE OJO QUE OBSERVA


Hoy de mañana me levante con una angustia terrible. Una angustia que nace de acá, de las entrañas. Tomado por la angustia: miraba la cama con cariño. Nada tenía sentido. Deambulaba y deambulaba por la casa girando. Regando plantitas con una regaderita de chapa para despistarme. Lento, pesado y perezoso. Deambulaba y en eso me vinieron unos versos... que escribí en un papelito... no se que carajo significan, pero los retuve por las dudas... dice así:
Saco un cálculo rápido.
Canto y grito al sol.
Me angustia la pregunta
De ese ojo que me observa
En un cielo que nos abandonó.
Salí por obligación, no por ánimo. Camine unas cuadras, me tome el bondi 65 hasta Barrancas de Belgrano. Me baje, camine hasta la estación del tren, saque un boleto:
- San Isidro es la estación mas cerca del hipódromo?
- Si... Vas a los burros?
- No. Al dentista.
- Ah. Suerte.
-Gracias. Ida y vuelta por favor.
No sea cosa que después no pudiera volver. Subí al tren. Me dieron el asiento. Me debo ver terrible. En eso entraron unos brasileros con unos tambores. Tres negros con tambores, y un colorado con una trompeta. Tocaron “tristeza” con una alegría indescriptible... brasilera! Al trompetista le faltaba un brazo. Un trompetista manco! No sabes lo que se movían esos tipos. Yo los miraba y miraba a los pasajeros, los miraba y miraba a los pasajeros: ellos tocaban “tristeza” y los tristes éramos nosotros...
Después empecé a ver por imágenes recortadas: carteles que pasaban rápido, árboles indescriptibles por la velocidad, un tipo colgado arriba y a lo lejos pintando un edificio al sol, mas carteles, dos ciegas, una casa con una mezquita, un pájaro como un proyectil... Me pase. Camine y camine para atrás. Llegue temprano. Me senté a esperar en un banco abajo de un ciprés por donde subía un hilito de hormigas como un río. Conté los pisos del edificio hasta el séptimo adivinando el consultorio. Me pare, cruce la calle, me compre un refresco y entre.
Consultorio. Un ventanal enorme mirando al hipódromo. Abrí la boca. Me clavaron anestesia. Zrraaaaak! Largaron! Los caballos venían corriendo parejito en línea recta. Yo, la boca siempre abierta, medio babeado, veo que se despegan del suelo de a poquiiito... cierro los ojos, abro los ojos. Caballos lanzados en vuelo!!! Hacia mí!!! Pasaron por la ventana, rasante, a milímetros. Cierro los ojos, abro los ojos: un paisaje sin cielo! Los árboles y los edificios recortados contra la nada. Un montón de nada y arriba, bien arriba, las plantas de los pies de Dios. Una bandada de pájaros galopando en caballo y yo que me despego del silloncito y salgo entre los cables y floto como una hoja en otoño. Y floto y fluyo y flato haciendo tirabuzones, formas estéticas, con estilo, medialunas, rol volado, incoherencias de todo tipo, siempre hacia arriba. Me elevo nadando en la nada hasta caer posado a los pies de Dios. Dios. Dios es grande de lejos y chiquitito de cerca. Un enano así con cara de hormiga! Lo miro: tenía cara de buen tipo, pero cansado, amargado...
- Sos Dios?
- Sí.
- Que chiquito sos...
- Que querés... soy un laburante.
No entendí un carajo, pero me calle la boca.
- Vení.
Se agacho y me guardo en un bolsillo. Dio un par de zancadas. Yo iba pensando como si era mas chico que yo...
- Llegamos.
Me saco del bolsillo. Había un enorme espacio vacío lleno de pelotas como las piedras que emergen de la tierra en el valle de la luna.
- Juguemos.
Me dio una bola. Era un ojo, pesadísimo! Lo sostuve como pude.
- Tira. Ese que brilla es el bochín.
Jugamos a las bochas. No se como hacía pero para él esos ojos eran livianísimos. Por algo es Dios. Me dejo ganar.
- Esta noche los astrónomos van a tener un quilombo!
Y se reía... reía y la risa se hizo cada vez mas fuerte, como un zumbido y la oreja...
El torno del dentista hurgaba mis encías, sacando cachos de diente podrido y sangre.
- Podes cerrar la boca. Hace buches.
Estaba en el mundo. Salí medio mareado, abombado, la jeta dormida. Camine. Me cruce con una embarazada. Nos miramos, despaciiito...
Todo es redondo.
Como los ojos de la embarazada,
como la panza embarazada,
como el feto antes de nacer,
como la punta de las antenas de Dios...

Subí al tren. Me quede dormido. No tuve ningún sueño...

EL CANTO DE MI MUERTE

Corriente escrita mirando al mar: El canto de mi muerte

Si pudiera arrancarme el rostro como una máscara de látex, lo haría. Guarda este rostro el rastro de miles de imágenes vistas, percibidas, soñadas, incendiadas en praderas sin gente.


He visto un plebeyo en piragua surcando ese río y al llegar al océano, morir. Solo el salmón recorre la corriente inversa y muere cansado en la vertiente. Desova piedras acantiladas, huevos donde nace la incógnita. Pensar una Atlántida sumergida donde peces en forma de lagartos recorran las calles. Venecia inversa. El agua en aire y los canales de tierra. Allí abajo donde los peces portan luces para alumbrar el camino y donde el líquido es vivificante y fresco. Allí nace la primera hiedra, alga profunda, y a su alrededor un lecho de caracoles. Una playa con su oleaje de oxigeno, un oleaje de aire. El centro de la tierra no es un foco ígneo, es un líquido que late. Y las huellas de todos los hombres conducen al fondo del océano. Es por eso que hay quienes iluminados, se adentraron como Alfonsina a buscar la última poesía en el lecho del océano. Por eso se ven seres con la mirada perdida en las playas aledañas mientras bañistas superfluos muestran sus físicos impúdicos. Miran como fascinados el oleaje porque están comprendiendo: la vida tiene un ritmo como lo tienen las olas.
Un niño dice: me llama la ola, voy hacia ella.


Me sumerjo a estrecharle la mano a Neptuno, a Poseidón, a construir una nueva tensión helénica en el fondo del océano. Las sirenas tañen laúdes impermeables, cantan melodías que suenan como pompas de jabón, y en cada burbuja nace un niño que emerge a la superficie como Afrodita.
El hombre que se ahoga es. Ahogado lleno de líquido, nace al oleaje. Se deja llevar con una sonrisa en el rostro. Como un corcho flota en una palangana, desprejuiciado. Le he arrojado un guijarro al océano y cuando lo largue me dijo: gracias hermano... y se hundió entre la espuma. Modesto, el arrecife de coral es una muestra de las linduras que florecen bajo el agua. El mundo es agua, la tierra son unos meros islotes ofrendados al parecer nuestro de sentirnos reyes. Por eso, y con paso seguro, al ritmo de líquidas flautas mágicas, de hecatombes de aires que pasan por tubos, voy a sumergirme en el océano con una estrella de mar pegada en la frente y un pulpo en el bolsillo. Mi sueño es encender un fósforo bajo el agua y alumbrarme el camino, dejarme crecer branquias y descender al mundo subacuático. Una vez nade bajo camalotes, el techo verde, el techo; y los rayos de luz filtrados en los intersticios, y lo comprendí todo... Corriendo raíces con las manos comencé a escuchar los sonidos de las corrientes. Corrientes rosas con estilo, grises de inmundicia, empetroladas muertas, corrientes vírgenes como los metales, transparentes como el vidrio, lúcidas como la aurora... Ahora soy un Neptuno enjabonado que chorreando babas oceánicas vengo a florecer: de mi pecho nacen sílfides como perlas y mi cuerpo esta cubierto de algas. Hablo, y una sirena me barre las palabras. Canto, y mi canto se guarda en cántaros como vinos nuevos. Tengo el cuerpo escamado y una muralla en el rostro. Guardo mis ojos ciegos en la superficie y no parpadeo bajo el agua. Sigo a dorados peces que atraviesan el océano. Y emerjo siglo a siglo para festejar en las zonas más recónditas del océano la inconsciencia del hombre que desconoce las profundidades del lecho marino. Soy un dios porque me pusieron nombre. Mi cabeza coronada de espuma reluce al rayo del sol. Me dieron un tridente de hierro sin pensar que el hierro se oxida y disuelto vaga por el agua. Cuando nado en el lecho del mar me late el pecho integro de saberme en casa. Tuve un niño con Alfonsina, que ahora mama de ese pecho materno poesía de agua. Alfonsina reina, y su nuevo niño Dios; yo estoy próximo a dejar mis pasos sin huella, a cortarme los tobillos y desaparecer, a secarme al sol. Alfonsina y el niño; el niño Dios y una Alfonsina en llamas bajo el agua. Las corrientes que le acarician el pelo como sonriendo, a ese niño de ojos pálidos, negro como la misma noche, con luces en la frente. Ese niño alabado por laúdes de silencio impermeable, ese niño es el canto de mi muerte.


A Alfonsina Storni.

PARQUE LEZAMA



MELODIAS DE PIANO PARA LA GUERRA

Soy madre, madre y tengo un piano.
Y tengo el beso, y tengo la muerte,
Tengo el error,
Y no he tenido ningún trofeo en mi vida.


Donde esta?
Donde el hombre que perdió el tiempo.
Donde esta?
La boca despintada del último beso...

La mesa servida.
Esperando.
Los cubiertos de plata.
Dos velas encendidas:
en la penumbra se pudren los manjares que esperan al amor.

Donde esta?
Donde el hombre.
Donde el tiempo.
Si cruzara el umbral
en el instante uniformado
lo esperaría con la palangana calentita...

Me arreglo los cabellos con la platería. prendo la radio. toco el piano.
una tregua entre tanta humedad fría.

...necesito música de cámara en los circos...

Soy la musa ciega...
baje las persianas!
En casa... llena de pelos...
pierdo el pelo!!!
jirones.
mechones.
sucios.
empastados.
repartidos por la estancia.

solo me detengo en la mañana frente al espejo me cuento los pelos cuantos he dejado en la almohada sin rastros de sueño...

Tengo un ojo bizco
por una esquirla
una granada
explotó dentro del ropero
me pinto
me repinto
delineo con esmero
el ojo mocho.

Soy la musa ciega que golpeando teclas desafinadas apoyo a ambos bandos por amor...

Llevo las manos enguantadas
las uñas pintadas
bajo los guantes
Una mano agujereada
y en la otra una bala perdida...

El revolver en el corazón
amartillado.
listo a salir en cada gesto.

Tengo nueve perros recogidos con el oído lastimado por el fragor de la batalla.
Tengo el revolver. voy a vaciar el cargador contra los espejos.

No soporto verme.

Avanzo con los senos al aire
pintados de marrón oscuro
con los signos atómicos en los pezones

...compongo un aria por los muertos de la guerra...

Cubierta de cenizas
vago por los aposentos
descuidada
me deje crecer los pelos del vientre
Un bosque.
Una pradera.
Ninguna caricia anochecida.

...no me conozco... fumo contenta al calor de los cadáveres...

Me pinto los labios
me levanto los pómulos
y sufro.

A veces salgo al balcón a ver pasar aviones
a ver llover bombas con destinos grabados
miro las ruinas de enfrente
nombro a cada cascote
y no renuncio al amor
en tiempos de guerra.

Entro.
Sonrío.

Me arregle el comedero
con balas que cazo a manotazos.

Después de una comilona que me di
me afeito las axilas
con un tramontina
y pienso:
lloverán piedras en el mar
en algún lugar lejos de casa.

EL ECO DE UN GESTO EN CADA GESTO

A los mineros bolivianos de Potosí.

Porque la sombra es una y obedece al sol
Como las alas del pájaro son del viento
Y la corriente de la forma que la encajona.
Porque la historia pasa de mano en mano
No de libro en libro.



















Los niños anhelantes
Que miran a la tierra
Como cerros retratados
Remontan sus ruinas venideras

Son los mineros cuando salen de la mina
Son como el polvo corrompido
Son como un hombre velando a una mujer
Como poemas humanos

Los niños tristes.

Preguntémonos entonces oprimiéndonos las costillas si esos hombres que son niños ahora, niños sin pies apasionados y enérgicos, tenderán a la afección, hacia el socavón.

Piensan los viejos: ahora vestiríame de músico pero se palpan el mentón en retirada…

Como el pequeño sonido, el del martillo
Abajo
Arriba,
Abajo
Abajo
Y un papelito, un clavo y una cerilla…

Esto es la montaña que se talla incidiendo canto a canto en la herramienta atroz
Esto es acaso que ignoro el año de este día
O es que ignoro que jamás se dice, nunca, de rodillas

La rueda del hambriento dando voces, pujando, se ha pasado agachándose por mi alma… y no me digan nada… no me digan nada mas que una despedida recordando un adiós.

La paz, las vertientes, el muerto, los sarcófagos, el monaguillo, las gotas y el olvido… después de estos, en sociedad, el vidrio y el polvo se desvanecen.

El viento y las mentiras que pasan
No hay silencio en la huelga
Todo esta en la urgencia de hablar
No en la poesía de las piedras cuando crujen bajo el zapato de aquel que se aleja:
Un poncho, doscientos pesos…

La desesperación de las vastas rocas,
De aquel que se golpea una y otra vez contra su destino.

Perdonar al libro de la naturaleza

La sed es demencia que aloca
Genera un miedo terrible a ser animal.
Porque la dulzura por dulzura se vende
Al orden pálido del alma.
Y reposa en la sombra este cáliz
La muerte, las batallas, el hombre
El humo de la especie
El humo del niño al ras del suelo
Huye de la tierra.

Años eternos con silencio y un último tambor
Con un estertor genial al pie del individuo
Que ataca con gemidos su tiempo audaz

Hay que perderle el hijo
Hay que perderle al que llora, el hijo
Y cuidar del leal siempre
Porque los niños del mundo al revés de las aves del monte
Me dan
Y yo me azoto con la línea.
Me dan que me he puesto como la masa
Como el cometa:
Los nueve monstruos y el mueble dentro del corazón.

Quisiera hoy ser feliz
Ganas tendría
Anhelos!
Y con el anhelo, de súbito, la vida que se amputa.

El hijo del hombre, las cuatro conciencias, mutilado como el rostro esta yerto y difunto. Se refugia.
La boca a la que se lleva comida pensando en pólvora.
Existe como una nomina de huesos.
Y esto fue posible.
Y esto fue posible.
Y esto fue posible.
Y esto no fue posible.
Que piense un pensamiento idéntico en el tiempo que un cero permanece inútil.
Porque no vive ya nadie, todos han partido.
Y el hallazgo de la vida es el momento mas grave,
Lánguido, es un licor que pasa con la violencia de las horas.

En el vestigio azul del tiempo
No hay nadie en mi tumba
Sin embargo
He muerto y me he ido a sollozar
Directamente a solas

Con dos nubes en la frente
Con el sentido apócrifo en la mano
En el entonces fúnebre momento incolor
A paso de sotana
Alzando el mal en brazos
Huí.
Directamente a sollozar a solas
Porque fui cura de mi propio entierro
Y me azoto con la línea
Porque no poseo nada para expresar mi vida
Si no mi muerte.





Apéndice
La reflexión no es la poesía porque el amor descubre su propio ritmo: se odia de abajo hacia arriba


Los mineros se desgajan y acarrean el día, perdidos, son nosotros, el lado oculto, el resto de la memoria desenrollada: los niños tristes.
Hemos convertido al trabajo en la peor de las lepras, cuando debería ser el encendido plumaje que ostentan las aves enamoradas, no la ignorancia ni la angustia de los que no pueden más. El compañero de la belleza, de la verdad, el fruto de la salud humana, el santo jubilo de vivir: cada uno debería trabajar de lo que quiere. El progreso no es indispensable, si el amor. Hay ideas que serían pensadas como regresiones por las burguesías, sin embargo es bello desplegar las velas y anclar en el pasado. Porque el curso de la historia es estudiable; por algo es historia. Y es exaltado o consumido por los pueblos según su necesidad: cuando se esparcen devorando las ruinas sin descanso es cuando los gladiadores del imperio no hincan ni muestran los dientes ni hay un dique de terror que enloquece.


Los niños, de ellos hablaba, los niños tristes, de la dinamita y la justicia.

ADOLESCENTE COMO LA PRIMERA MENSTRUACION

La hora insípida soy.
Lustro los botines, últimos rastros de un mundo que se va.
Ayer, ayer mismo, en misa que es hoy un quehacer mecánico, fui cocinero.
Cocinero de un cristo en la evolución.
Inocente de publicar ciertos fragmentos de la misericordia.
Leer la serenidad, la más poderosa vibración, la humildad del sueño.
La sangre adolescente en la piel fresca de una frase:
hay raíces en el caliente estiércol.
El mundo interior es un tosco modelo que canta sus proezas en el retoño.
Un mito a las rebeldías y la menstruación.
Las barbas de un nuevo Dios,
Un Dios que se llama vientre y la sangre no es un combate, es solo una palabra que siembra la vida.
En el silencio sucede el imperio: nos dice que en el lecho de muerte cuando por fin consumemos las calles y desestimemos lo seguro, los discursos hipócritas, y lo retorcido de la honradez intelectiva, la moralidad no será el orden...

Al mar,
al bergantín veloz
al fantasma precoz que es sastre que expulsa de la tierra
lumbagos insomnes con pesimismo.
y la luna en enaguas como propicia náyade
leyendo
leyendo cuando
llora llora
el urutaú...
y el negro imán de agonías
una luna que amarra rimas.

El que razona al amor no ha amado nunca. Perro polizonte de antipatías convulto en el cuerpo en medio de las agonías, omnipotente e inmóvil. Ingrato el amor que debe permanecer indiferente a los esfuerzos humanos: es el verdadero amor, es hijo, honor y lágrima de antiguo Cupido que fundo escuela. Hay una pornografía joven de pirnecitas tensas que ahogan la luz. Las pupilas ricas de dinero y arte, desposeídas de confianza en las nubes azules, sienten que han desprendido de su tierra y del tiempo la agitación noble de la figura. En cambio, después de poder corromperse, Dios agoto todos sus tesoros cuando pensó en hacer con su corazón música y fue poeta ingenuo. No es cuestión de raza inventada sino de juzgar con tino las tendencias de la sacristía. La herida en el vientre, a la luz de un farol distinguido de facciones tenues, puede desenterrar los fenómenos físicos a fin de entrar en los ojos con desconfianza de futuro. Sus mujeres ángeles o arpías... el vientre esta en nosotros, es el tiempo que se aproxima como un soldado a pie, como tanto remedio de doctor humillante bajo el resplandor de la luz eléctrica.


A propósito de los cadáveres limpios de narraciones, que no son metáforas, son cadáveres: la sustancia del cuerpo muerto y limpio.

(La muerte: poeta de argumento sólido y vulgar; bestia, lo mismo que nosotros.)

Anciano, moralista resfriado de la ambición de los jóvenes que significa perdurar, crear un porvenir que es la continuidad de la especie. La fortuna mediante el despojo legal de damas cirujanas, que no se animan a separarse voluntariamente de las vanidades del mundo. Porque son ex reinas en la resistencia al cuero que se seca. Y yo no se de donde vengo, pero mi corazón cuando lo guardo piensa en mujeres y muchachos impúdicos, sin correcciones de la ética, la vida entera fielmente retratada en una novela con mal gusto y olor cruel, naturaleza, piel y alegría...
...y no acuso a la vida
me curo metiéndome en una cárcel
y salgo sin escrúpulos de hembra
con las mandíbulas colgantes
y los ojos invisibles a costa del polvo.
las entrañas en tropel
apretadas como perlas sentidas en la espalda
como escamas de coral.


No hay merito por haber tenido razón si uno no acciono y fue un complemento de lo contradictorio que va hacia la etapa primera del bien.

Soy un limpiador de cloacas
con manos de angustia besadas por los ángeles.
he sido ladrón y asesino. mi yo verdadero comenzó a moverse dentro de mi ser.


Todo esta unido. Hay que pensar en el que pinta la piedra que esculpe escribe y habla porque tiene el valor de un día y es traficante de un stok de residuos. Recados invisibles con las manos de la muerte sobre mi polvo y el lodo -un llanto seco marcado con las manos de la muerte sobre el polvo y el lodo-: vacunas contra la marea rebosante de la catástrofe. Las inyecciones de agua salada y de cafeína, balones de oxigeno, niños sublimes que gritan en mi pecho haciendo eco en los corredores de las venas: no quiero morir porque soy un quebrado de los tiempos.
No paso de mí el reflejo. No soy agradecido, pero dejo mi huelga libre a tiempo, en la lucha divina que no nace desesperada, sino que sufre en el fondo de la ciudad como una montaña de hierro o la pila de carbón abandonada a su figura definitiva. Miro desde el frenesí rutilante de las guerras cotidianas y pienso en esas bengalas que estallan para salvar a buques perdidos cargando enjambres de cómicos y cantantes que vienen gozando como una imagen distorsionada de Goya.

No se de que hablo, pero la carne del discurso es la misma siempre.

El morir por no amar. Poseerla sin trabajar, recoge las cosechas que sembró. Goza la tierra el hombre en proporción del esfuerzo. Donde el amor se hace grotesco y vil, donde la mujer vacía de elección; sonrisa del destino; se convierte en un animal idiota que al engendrar la vida no engendra mas que cambiar los bolsillos pero no de historia, sino de tierra. Bolsillos llenos de tierra secreta que pide perdón por ser vivienda del ser futuro e inútil. Oídos cerrados al extremo real del alma.

No se de que hablo, pero la carne del discurso es la misma siempre: Corre como una leyenda vulgar tejida como una madeja que desaparece devorando las ruinas sin descanso...
Paso.
Como pasa un grano de polvo
por un rayo de sol.
Soy una herramienta silenciosa.
una chispa fugitiva de una hoguera.
Un fruto que se mece al viento.
El único crimen es la esterilidad
adolescente como la primera menstruación.

EN TINTE SOMBRIO

mojar la boca en el néctar clandestino...
y en tinte sombrío... pulular como una escarapela en llamas.


pájaros que cantan en las mañanas frías. en la ambigüedad de una mañana tensa, suave como un perro dormido a la sombra, luce lívida, raudamente preparada para el soponcio, la luz dulcificadora de la palabra. -carnes muertas y ruidos del otro lado de la puerta-. el afuera constantemente doblegando mis intenciones y yo acá, cerrando la etapa primera del adiós. he sido construido varias veces, dulcificado en el devenir sensual, en la palabra como una cópula, en los disfrutes de los momentos de luz, única aparición en el delirio tenue de la realidad. buscando la palma atroz que de el golpe, o el beso que acaricie la comisura de los labios como un vergel en cueros, como una huerta. escupo al cielo para revisar los restos de una teología en llamas. papeles prendidos de miseria. palabras en el sembradío de la conciencia. espacios negros entre el cuerpo. limpias manos que van a escarbar la tierra así porque si para dar ejemplo, que luego se guardan en bolsillos recubiertos por tintineos argentinos. y digo, encandilado, que la luz del rigor no es el placer del poeta. y que dulces las fosas nasales vibran antes de producir la mentira... vidas... casi recortadas contra el paisaje, como todos los contornos del hombre. -Lo borroso se acaricia-. la luz de la duda atardece en el amor de dos o tres mujeres tenues, disculpándose... dulces maniquíes, fragmentados, como el procedimiento y la forma.
que hay del rastrillo que acaricia el piso, invalido, inútil como la cigarra en el verano...
y que hay de esos hombres que devoran plomo solo para pertenecer a la historia...
que hay de la voluptuosidad, lugar al que viajan unos pocos, relamidos de exilio, a situarse en ese otro mundo donde el poder de la muerte es dulce encanto.
escupidos por la miseria los hombres vagan como sombras, como una luz muerta... escuchan? escuchan como yo los sonidos de mi cerebro trabajando, forjando el hierro de las palabras para volcarlas gota a gota candentes en la herida o forma definitiva? escuchan el aletear de pájaros contra el hueco de la caverna? escucha Platón, escucha Poe? escuchan acaso el sufrimiento de una mente que vaga vana... sin luz se pierde la memoria.
llagas abiertas a lo ingrato... se filtran los recuerdos imposibles de retener ya. rey del declive, cómico, me escucho hablar y me repito... las vueltas de mi hemisferio occidental descubren una plataforma desde la cual se escupen palabras secas, sin sexo, que no copulan entre si, no construyen nada... solo un devaneo mientras se espera la fractura ósea como el choque de un iceberg contra la maciza entraña del hielo que al destruirse, replegado, por rebote, gira concéntricamente alrededor del núcleo.

-las acciones rebotan concéntricas como un profundo agujero en el cielo-

luz opaca. una puesta teatral. un hombre se toma el rostro frunciendo el ceño. su vista clavada en la primera fila de espectadores. mira un vientre donde nacerá una niña. piensa. que será del huésped del silencio? que será de estos párpados que producen llanto cuando en la contemplación de un vientre florece la felicidad voluptuosa... que será renacer tal vez acaso de la mano del amor para escupir los versos por doquiera como flores y plantar en el mundo un rosedal... y el golpe musical que siempre viene para decir no, son visiones, el campo esta yerto, muerto, seco como la entraña del instante...
entonces asqueado del rigor de la zanja seca voy y vuelvo ansioso de destierros. no puedo reposar mi cuerpo por mas que lo desee... se pliega a las paredes como un dibujo queriendo perder el volumen y la asimetría. estoy confundido porque al lado de mi rostro cuelgan sotanas negras. y leí tanto que perecí asqueado del consumo de la palabra divina.
Ateo,
de profesión librero,
de vocación obrero.
voraz lector de vidas ajenas escupirás tu agua en el desierto.
Como un pasto que crece mecido por el viento, solo,
enfrentaras tu destierro.
Con esa espuma en la mano producto de tu genital agreste
sembraras la tierra.

inhumano, al polvo lo barre el viento y las fuerzas lucidas de la historia.

todo lo que digo esculpido por el viento que se cuela en mi cuerpo como una amenaza. después de eso no hay mas nada. para mi y mis huesos rotos. no hay mas nada para el que especta.

salvo el vientre seco.

MUEREN LOS ROSTROS

Me quiero morir,
como mueren los rostros
marchitos de tantos deseos.
quiero crecer,
como crece el hongo
firme e imperceptible
para hablarle con palabras de viento
al ojo de dios.
quiero huir por calles adoquinadas
seguirte la figura
como el llanto.
quiero escupir para arriba
para sentir el rocío en las mañanas.
quiero una estancia
que sea mía,
y si es posible
sin hombres alrededor
sin pisadas frías.
quiero un océano en un frasquito.
quiero un pájaro que me cante
hasta inducirme al sueño
dormir por eternidades
despertarme en el recuerdo.
y quiero, más que nada,
que despiertes al lado mío.